El primero fue así: estaba en la entrada a mi edificio cuando de repente empezó a aparecer gente gorda o desnutrida desnuda, tenían rostros de delincuentes y me miraban directo a los ojos, acercándose lentamente como zombis. Me metí corriendo a mi casa y ellos aún me seguían, de alguna forma entraron y buscaron abrir mi puerta directamente, me aterraba la idea de intrusos extraños en mi hogar, me desperté.
El segundo sueño fue así: yo era alguna especie de mago iniciado siendo entrenado por un viejo, estábamos buscando algo en las costas de un mar, luego empezamos a adentrarnos lentamiente en las olas. El cielo era verde y azulado oscuro, de repente apareció lo que buscábamos; un portal, como un montón de cubos de piedra negra dispuestos de una forma que parecían la puerta de alguna civilización antigua. Se supone que eso era lo que queríamos encontrar pero cuando mi maestro vio la puerta se aterró y me empezó a sacar del agua a la fuerza, sin embargo mientras el me cargaba y se alejaba del portal yo podía ver aquél misterioso objeto acercarse. Yo gritaba y pataleaba "¡Lo encontramos, es mi destino!¿Por qué te vas ahora?" Pero mi maestro continuaba corriendo aterrado. Allí se terminó el sueño.
El tercer sueño empezaba así: estaba en casa de alguien que parecía ser un amigo y su hermano menor, jóvenes como de 16 años, pero no pude distinguir si eran personas que conocía en la vida real. Jugábamos juegos juntos o hacíamos acertijos en un cuaderno, a veces pasaba su familia para mirar qué hacíamos, pero al poco tiempo noté algo: mi voz era más aguda y pasiva, mi cabello me llegaba a los hombros y llevaba puesto alguna clase de traje negro holgado con medias negras y mangas largas. Me retiré al baño y vi en el espejo que mi rostro era más delicado, sin cicatrices ni ojeras ni sebo superficial. Mi rostro liso por momentos se afeaba incluso más que el real, luego regresaba a ser bello. Mi cabello también tenía un estilo muy gótico o emo? simplemente era liso, caído, me cubría parte del ojo derecho y se curvaba en las puntas. Por último miré mi ropa con más detenimiento y era un traje de sirvienta inglesa, solo que algo más oscuro y la falda me llegaba a las rodillas. Me gustaba, vestir este traje en específico me hacía sentir bien y me gudtó mucho la experiencia del sueño, la delicadeza de mi cuerpo y el hecho de que se viera estéticamente bello y acorde con mi ropa me hizo sentir feliz. Aunque dudo que lograría emular algo así en la vida real, me gustaría volver a sentirme así. Terminó el sueño.