Me sentía un poco ansioso el día anterior, aún así intenté mantener la fe. Preparé mis materiales y me dispuse a dormir, no sin antes ver el stream de Pippa por san valentín que hizo con su amiga Sleepy.
Me desperté algo perturbado y muy cansado. ¿Por qué perturbado? Por la inseguridad que me generaba todo lo que habría de acontecer. Hoy empezó mi campaña de salud que me permitirá graduarme y planeaba llevar a una paciente que había sido contactada por mi padre, sin embargo esta paciente no dijo nada hasta hoy en la noche, pese a haber confirmado previamente su participación. Mis únicas opciones eran llevar a mi padre o encontrar a un paciente yo mismo. Mi padre tenía algunos dientes rotos y consideré que seguramente lo rechazarían para la práctica, además, más de una vez me había dicho que no iría conmigo y que me consiga mi propio paciente, así que esa última opción fue la que tomé. Corté un chorizo en gruesas rodajas, revolví dos huevos. Mi proceso consistía en freír ligeramente primero las rodajas de chorizo por arriba y por abajo, luego vaciat5r el huevo revuelto, una vez que la capa inferior hubiese tomado consistencia por el calor, yo la levantaba un poco con un tenedor y dejaba que el huevo revuelto aún líquido que estaba porencima de la capa haga contacto con la sartén, y así de forma sucesiva hasta que no cayera más huevo revuelto líquido y llegase la hora de voltear la tortilla. Suelo hacer saltar por los aires, aunque a veces prefiero la seguridad y la levanto con un tenedor, con mucho cuidado de que no se destroce la tortilla.
Comí, me alisté y me retiré. Con mucho arrepentimiento por no decir ni una palabra a mi padre, que había pasado una noche de fiesta con sus amigos, me dirigí al paradero y un vehículo muy extraño me recogió. Era el primero que apareció y lo tomé. Rojo, parecía una pequeña mototaxi sin puertas ni techo, el señor iba bien uniformado cono buen chofer, y aunque intenté hacer conversación al mostrar mi admiración por su vehículo no pareció interesarle en lo absoluto o no me escuchó bien, permanecimos callados por el resto del corto pero lento trayecto. El vehículo en cuestión parecía ser impulsado de forma eléctrica, lo que me hizo juzgarlo de poco rentable, aunque los pensamientos en mi mente me decían que corte con la crítica hacia algo que alguien más parece disfrutar.
Tomé un carro al cual solía subir en mis días trabajando. No me traía buenos recuerdos, pero no quería que mi día fuese arruinado por éstos tampoco. Noté me el pasaje había subido mucho de precio, sentí que me habían cobrado de más porque sí, más luego comprobé que todos los buses de esa agencia cobraban así en la actualidad. Se suponía que bajaría en un cruce entre dos avenidas, pero al preguntar al chófer éste me dijo qje no llegaba hasta allí, pese a las indicaciones de ruta en el mapa que había visto en una aplicación para celular. En su lugar, bajé en otro cruce entre dos avenidas que recordaba vagamente por haber visto combis estacionadas allí que probablemente me llevaría cerca de mi destino. Aunque el chófer me dijo que babara en cierto lugar, hice caso omiso y me pasé de paraderos, él o no lo notó o no le importo debido a que el precio a ese paradero era el mismo que había pagado por bajar en uno anterior.
Al descender del vehículo comprobé que sí había una van estacionada y en su flanco derecho, en la parte más anterior, llevaba el nombre de una universidad que estaba por la ruta que yo debía recorrer, por lo que subí no sin antes preguntar si realmente llegaba a dicho lugar, solo para asegurarme.
Comencé a avanzar y una vez más reconocía viejos paisajes urbanos que había visto ya hace años. Recordaba que mis primeras veces por aquí sacaba siempre mi celular que indicaba la ubicación, nervioso por no saber si ya estaba o no arribando al lugar indicado por mi ex jefe. Ahora no era sí, confianzudamente permanecía mirando por la ventana, nada más atento de mi mochila y viendo al gps dos veces. Tanta fue mi confianza que al ver que todos comenzaron a bajar creí que ya habíamos llegado al último paradero, poco grata fue mi sorpresa cuando pisé la acera y noté que mi paradero estaba aún a unas 5 cuadras más. Tocó caminar, de repente usar los musculos inferiores me hicieron notar que tenía muchas ganas de orinar. Paseé hacia adelante con mi mirada en restaurante, tiendas de conveniencia y boticas esperando ver algún letrero que dijese "baño", aunque sabía muy bien que tal cosa no se ve a primera vista, puesto que suelen ser servicios permitidos solo para empleados. Al llegar a una esquina pude alegrarme porque, al ver dentro de un minimarket, divisé la palabra "baño" y entré inmediatamente. Para mi pesar, el precio para la entrada a este baño público había subido también.
Ya saciada esta inmediata necesidad me dispuse a tomar mi siguiente transbordo; un bus rojo como la cereza con un diseño de lo que se asemejana a una ola azul minimalista pintada en ambos costados. Un bus que había vidto muchas veces antes pero jamás me había visto en necesidad de usar. Debía llegar a una municipalidad, cuando mis suelas tocaron la metálica superficie del interior de mi transbordo le pregunté al conductor si llegaba a cierto local municipal, éste me dijo que cobraba más por llegar allí, sin embargo no estaba tan lejos como para justificar el precio, así que resalté que dicho local municipal se hallaba en este distrito más no en otro más lejano. Tras esta aclaración él pareció estar de acuerdo y me extendió un ticket que había sido impreso en el instante, como un recibo de esos de las tiendas de conveniencia. Eso me tomó por sorpresa ya que los tickets que de entregan en los buses suelen ser impresos previamente, más pequeños, más frágiles y más coloridos.
Por aquí no había pasado antes, era la primera vez que veía esa icónica universidad de la cuál había visto tantos memes. Pese a estar en un lugar desconocido, mi confianza me traicionó una vez más y no revisé el gos a tiempo, porque previamente había visto el lugar de mi dwstino en google maps. Cuando busqué en internet se veía un sitio soleado con mucha gente, pero yo estaba yendo tempranísimo, las nubes aún tapaban el sol y la gente aún dormía en ese tranquilo sábado, que anunciaba el final del día del amor. Me pasé de paradero, tocó caminar una vez más. En el trayecto de vuelta vi un pequeño aviso que decía "se alquila habitación, solo ciudadanos del país, no extranjeros". Leer esto me algo de incomodidad, pues llegué con la idea de que estaba en un sitio peligroso y ese aviso parecía confimar mis preocupaciones.
Pese a todo, los alrededores lucían apasibles, había vegetación y a no muy lejos se veía un cerro masivo, más grande que cualquiera que hubiese visto antes, repleto de pequeñas viviendas construidas ilegalmente con materiales precarios. Esta vista me dejó atónito por unos momentos, continué con mi camino y mi unos policías cerca a la entrada donde debía llegar. Allí fue cuando me sentí un poco más seguro, y también me pregunté si estarían ya allí mis compañeros. Uno de ellos era muy robusto y su uniforme era de un color más oscuro que los demás, otro era delgado y su uniforme era de un color entero, a diferencia de los demás que tenía cintas blancas en los bordes del cuello y mangas. Los reconocí al instante desde la distancia y los saludé. Me hacía sentir feliz y más tranquilo haberlos encontrado tan rápidamente. Tras conversar con ellos por unos minutos, uno de ellos notó que el profesor encargado de revisar a lls pacientes de la campaña empezó a hablar para todos, nos acercmos para oír. Habían comenzado a diagnosticar cada caso y anunciarían quién sería adecuado, esperando que el estudiante lo elija. Yo bromeé con mis compañeros sugiriendo que aquello asemejaba una subasta. El primer paciente fue anunciado, y mis compañeros alrededor parecían no haber entendido lo que explicó el profesor, por lo que inmediatamente me acerqué y lo reclamé como caso mio. Me pareció ideal, en un principio, más ya no tanto después. Ambas arcadas dentarias necesitaban una ppr. Le pedí al paciente su nombre y número de contacto, pero me dijo que su celular estaba roto y no tenía forma de contactarlo, hice oídos sordos a esto y decidí quedarme con él. Lo envié a sentarse junto a los demás pacientes mientras esperaba que mis compañeros consiguieran su paciente también. Pasaron los minutos y otro compañero mío ya había conseguido sus casos para la práctica, era más de uno puesto que era necesario realizar una ppr inferior y una superior, nos sentamos entonces a conversar bajo el cálido sol, algo alejados de los pacientes. No recuerdo muy bien de qué conversamos, pero reímos un poco, preguntándonos cuándo se acercaría también nuestro tercer y robusto amigo a nosotros. Éste último había traído él mismo su propio paciente, mencionaba que en lugar del común transporte público, llegaron en taxi, una alternativa demasiado costosa